miércoles, 17 de octubre de 2012

Octava Crónica


Esta vez no voy a empezar disculpándome por las demoras. Estoy aquí no sólo para dejarles un pequeño regalo, sino también para anunciar formalmente el cierre del blog.

Mentira. Se asustaron seguramente, necesitaba un comienzo “fuerte”. Ahora que tengo su atención, les voy a contar que son varios los que siguen expresando a modo de queja, el eterno problema de la tardanza en las publicaciones (sí, también mentí en lo de no empezar hablando de esto).

Así que tomando de ejemplo a China, decidí responder a sus críticas con sobreproducción. La semana que viene voy a publicar una mini-crónica por día de Lunes a Domingo, relatando lo que haya pasado en las respectivas fechas, que puede ser mucho, poco o nada.

Por lo pronto tengo dos eventos programados de antemano para hacer más jugoso el relato. El primero es una clase de salsa el día martes, en la que se me han prometido Doras al por mayor, especialmente una llamada Marta y un profesor panzón que responde al nombre de Wilmer.

Lo segundo es haberme comprometido a cocinar pechugas de pollo a la crema de jamón con papas y vino tinto este fin de semana, lo que no sería nada del otro mundo, si justamente el que cocinara no fuera yo. Además de que el vino puede que no ayude, debo destacar que a los 17 años obtuve el record inexplicable de tardar una hora reloj en freír una milanesa… puede ser interesante.

Aparte y de bueno que soy nomás, les dejo mi paso por la feria del libro, que ayer cerró sus puertas… y fue lo mejor que pudo haber hecho.

Pepperland definitivamente no está en La Feria del Libro

Me tomé el tren a Constitución con dos señoritas artistas, una de ellas narradora de cuentos y la otra actriz, que esa noche tenían una presentación en el barrio porteño de Palermo. Sin lugar a dudas el viaje fue lo más cercano a algo cultural en todo el día. Llegamos a la estación y nos metimos en el subte, ellas bajaron en Callao a prepararse para el show y yo seguí hasta Plaza Italia.

Salí de la boca y ahí estaba, majestuosa, imponente, cada vez que la miro es como si fuera la primera vez, se me llenan los ojos de lágrimas… la cola que hay para entrar a La Feria del Libro.

Tenía una lista mental, simple y concreta, iba a buscar pocas cosas y específicas, no iba ni a colgarme, ni de shopping, los objetivos eran:




Si Me Querés Quereme Transa - Libro (Cristian Alarcón)












Maus - Cómic (Art Spiegelman)












Números viejos de la revista Lamujerdemivida











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Aparte de eso, como todos tenemos nuestro pequeño ego guardado, aunque algunos lo guardemos mejor que otros, quería ir hasta el stand donde sabía que había una publicación mía. Y sí, estaba solo, no le hacía mal a nadie, cualquiera de ustedes hubiera hecho lo mismo. El año anterior ya me había puesto contento al encontrarme en una revista, no porque le fuera a contar a nadie, pero es lindo.

Apenas entré al salón principal vi un tumulto impresionante en el stand de Editorial Planeta, tanta era la muchedumbre a los empujones que no se llegaba a ver lo que pasaba en medio. Al lado mío alguien dijo “está Luis Majúl”… ¡genial! Dije yo, lo están cagando a trompadas, me acerqué casi corriendo a participar… pero no, cuando llegué la gente había enloquecido y le pedía autógrafos.

Era sábado y la feria explotaba, vi a un padre entrar tironeando a sus dos hijos de las muñecas. Miró en derredor y frunciendo el seño dijo:

-Acá no hay juegos, acá no hay nada… volvamos al stand del gobierno – dio media vuelta y le hizo señas a la que imagino sería la esposa, que venía más atrás tironeando de una nena. Yo miré a la feria y llegué a la conclusión de que ese pobre hombre estaría buscando Disney.

Hice la cola para informes y pregunté por mis búsquedas. Figuraba todo, menos los números viejos de Lamujerdemivida.

Fui primero por el libro de Alarcón, presentado ahí mismo pocos días antes. La chica que me atendió revisó su computadora y dijo:

- Acá figura, sale 56$, pero no está. Lo que pasa es que es muy nuevo.

(Explicame si voy a venirme hasta La Feria del Libro a buscar libros viejos)

- Pero tengo “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia”- y me miró con carita de contenta.

(No me estoy comprando una remera que no tenés en mi talle y me podés vender una parecida. Te estoy pidiendo un libro).

Le agradecí por el esfuerzo y me fui.

El segundo destino era Maus. Pasé por una comiquería enorme donde también había tumulto. Entré en pánico pensando que podía ser otra vez Majul, pero no, era gente que se sacaba fotos con un muñeco de Batman.

Pregunté a uno de los empleados por el libro y me dijo que hablara con un chico de camisa a cuadros que parecía ser “el experto”. Le derivaban todas las consultas. Había cola. Esperé turno a que el Dr.Comic respondiera en detalle sobre personajes, autores, historias de los autores, recorriera y analizara la trama de las producciones, hasta que le pude preguntar. Me respondió:

–No está, bocha de gente la busca. (¡El que sigue!)

Al final un viejo de pelo largo y menos solicitado, que estaba sentado en la caja, me dijo que lo tenía Planeta, que ellos lo habían editado. Esto me dio esperanza.

Esquivé las masas majulianas que seguían ahí, abriéndome paso hasta una de las vendedoras. Me dijo que era difícil encontrarlo, pero que si llegaba a quedar alguno, estaba en las mesas del fondo. Busqué, pero nada.

Antes de irme pregunté a otra vendedora, pero el pronóstico fue peor que el de su compañera. Me dijo que estaba agotadísimo y que recién en dos meses salía una reedición… pero tenía otro del mismo autor.

(No, Gracias)

Tachame la doble. Quedaba una sola cosa que podía salvar el día a costas de alimentar mi ego: encontrar el libro en el que aparecían publicados cuatro cuentos míos.

Ya sé que ya lo tengo, no lo iba a comprar, lo quería ver nada más. Saber que estaba ahí, entre Borges y Cortázar, entre Franchese y Majúl. Uno a veces necesita alimentar un poco esto del autoestima, no para echárselo en cara a nadie, para uno, para sonreírse nomás. Convengamos que no había encontrado nada de lo poco que había ido a buscar, me merecía aunque fuera una leve caricia de la diosa Fortuna, que no me mira ni de reojo.

Llegué al stand y empecé a revolver. Nada. No iba a preguntar, eso ya era demasiado y ninguna de las respuestas posibles podía ser positiva. Si estaba no lo iba a terminar comprando y si no estaba era evidenciar mi fracaso rotundo.

Dí media vuelta y empecé a caminar para la salida, ya ni miraba las mesas, iba lento, alrededor mío la gente corría o caminaba confundida por no discernir entre el color del sector y el color de la alfombra (Aclaración: porque esto pasa todos los años. Que la alfombra sea verde señora, no significa que usted esté en el sector verde. Mire los carteles. En el mapita lo dibujan verde por una cuestión visual).

Afuera era de noche y estaba fresco, saqué de la mochila una campera y un gorro y me los puse. De fondo Caetano Veloso cantaba frente a 40 mil personas. Este año no encontré nada, ni los libros, ni mi nombre... la editorial tendría mejores cosas que llevar… ¿o se habría agotado?...la mentira me dibujó una media sonrisa mientras caminaba... sí, seguramente había pasado eso.

Hasta la semana que viene.

3 comentarios:

Luz dijo...

Alejin! parece que voy a ser la primera en comentar! Qué gran honor!!!
En primer lugar, lo bueno se hace esperar y la verdad que vos lo tenés muy claro. Cada vez que escribis me haces pasar de la risa al asombro y nuevamente a la risa en custión de segundos. Eso provoca una adicción incontrolable a leerte y de sentir cierta frustración cuando el texto se termina.
Te felicito una vez más, sos genial, creo ya habértelo dicho antes.
Antes de terminar no puedo dejar de preguntarte por ese libro en el que aparecen tus cuentos, no me los quiero perder! Contame porfa!
Besote...
Lucecita

Anónimo dijo...

Estimado como Ud sabra no pude concurrir este año a la feria del libro... pero sabe qué? Gracias a su relato...no me arrepiento. Abrazo!!!

Leo

Malvina Liberatore dijo...

Tampoco es un dato menor que hayas tenido que volver temprano a LP, no? de lo contrario, un poco de Caetano Veloso hubiese compensado ese mal rato en la Feria del Libro.
Tampoco es un dato menor que elegiste el día 1ro de mayo para ir..sábado..digo..medio apretadita estaba la cosa jajaja.
Qué personaje.
Muy buena crónica y qué harías sin tus Doras..Se han transformado en una necesidad de tu vida jajaja
Un beso!
Ah, tb te toca a vos comprar el vinito, no solo cocinar.
Malvi