jueves, 28 de febrero de 2013

Doceava Crónica

Hace cosa de un mes, cuando yo empezaba a escribir esta crónica, Harold Camping, un predicador estadounidense salía a decir que se nos venía el fín del mundo. Concretamente dijo que el 21 de mayo los elegidos ascenderían a los cielos y que el 21 de octubre “cataplasma”, desaparecíamos todos.

Convenientemente mucha gente hizo grandes donaciones a su fundación para que este RRPP celestial los pusiera en la exclusivísima lista de entrada al Heaven´s Club, que nunca supe bien por qué administraba él, pero que ahora que pasó la fecha y todos se quedaron con las valijas hechas y preguntándose si habrá yerba en el cielo, no sólo demostró que aparecer en televisión es cada vez más fácil, sino también que la gente tiene pánico a morirse.

El miedo y las ficciones útiles (Crónica Metafísica)

Cuando yo era chico, muy chico y vivía en el departamento de Tolosa, en el PH al que no volví nunca más, que ya ha sido escenario de otras crónicas del blog, le tenía miedo a los ladrones. Ni a monstruos, ni a extraterrestres, a mí me daba miedo la gente de verdad.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Onceava Crónica

Lugares comunes

Pasa por lo general que muchos de nosotros conformamos "lugares comunes", somos como las distintas especies que habitamos la fauna social, un rol que nos viene incorporado, predefinido y nos encuadra en el mundo. Papeles que desempeñamos naturalmente y que se repiten como si fueran parte de un código genético. Todos tenemos por ejemplo "un amigo muy fanático de los Beatles", "un amigo muy calentón" o "una amiga muy puta", pero la cosa no termina ahí.

martes, 5 de febrero de 2013

(Paréntesis)


En Reversa
A la Abuela Porota

Si alguien le pregunta a mis viejos van a decirle que aprendí a leer antes que a escribir, pero en el fondo yo sé que eso es mentira. No puede ser casualidad que las palabras que provocaban el llanto materno bajo la afirmación de “el nene sabe leer”, fueran todas del estilo de: Coca-Cola, Pepsi, Fanta, Jack o Topolín. Lo que reconocía eran las formas y los colores, nada más, pero mamá estaba tan contenta, que quién era yo para sacarle la alegría.