Después de un pequeño gran naufragio que ha llevado las naves a miles de kilómetros de Pepperland y me ha dejado tirado en un pequeño islote, con un bote de madera agujereado y un medio remo… me dispondré a continuar la búsqueda.
Ya que hablamos de botes y si hablamos de botes se supone que hablamos de agua y si hablamos de agua de mares y si hablamos de mares de océanos, tengo una sorpresa:….(suspenso)……(más suspenso)…..(mucho más suspenso)…(Ahí viene)… : me fui a buscar Pepperland a Nueva York. Si señores, esta búsqueda ya es internacional.
¿Por qué a Nueva York? Porque siempre quise conocer Nueva York.
New York, New York (1ra Parte)
Ojo, no es tan fácil como parece. Al que lo ignore le informo que el país del norte, no Canadá, ni México, ni Cuba, ni Guatemala, ni Honduras, ni Nicaragua, ni Costa Rica, ni Panamá, ni Venezuela, ni Colombia, ni Perú, ni Brasil, ni Paraguay… el otro… pone ciertas condiciones para entrar en su territorio. Para ellos no cualquier ser humano es lo suficientemente ser humano como para pisar ese suelo… y es ahí cuando uno empieza a sospechar de lo que le espera más allá de Tijuana.
Fui solo y pensándolo bien volví más solo de lo que me fui… pero en NY propiamente dicho, tuve compañía. A mi compañía la llamaremos “A”. “A” es mujer y estaba allá por trabajo, yo no, yo estaba buscando Pepperland.
¿Por dónde empezar?... por donde necesariamente tiene que empezar cualquiera de nosotros que se quiera ir a Nueva York: la VISA.
A esta gente del norte, del norte-norte, nada que ver con la quena y el charango, les da miedo la gente. Pero esta manía no es de ahora, viene desde hace tiempo.
Me acuerdo que una vez le escuché decir a Michael Moore en una "Breve Historia de los Estados Unidos de América" (Click Aquí para ver. Recomiendo que lo vean, dura 3 mins y no tiene desperdicio) que todo empezó en la época de la colonia cuando “había unas personas en Europa llamadas peregrinos que tenían miedo de ser perseguidos, así que se embarcaron hacia el nuevo mundo (América del Norte), donde ya no volverían a pasar miedo nunca más. Pero cuando llegaron a tierra (a tierra ajena) los recibieron los “salvajes” (los dueños de verdad) y se volvieron a asustar… así que los mataron a todos. Podría pensarse que arrasar con toda una raza de gente los calmaría, pero no.
Después empezaron a sentir miedo unos de otros… y quemaron brujas. En 1775 empezaron a matar a los británicos para poder liberarse y les salió bien, pero siguieron sin sentirse seguros, así que aprobaron una enmienda que decía que todos los hombres blancos podían tener un arma.
Esto los llevaría a la genial idea de la esclavitud. Por aquel entonces también tenían miedo a trabajar, así que fueron a África, secuestraron a miles de negros y los trajeron a América a trabajar sin ganar nada. Hacerlo de esa manera, convirtió a Estados Unidos, en el país más rico del mundo.
Con el tiempo la población negra superó a la blanca en muchas partes del sur y cuando el Norte ganó la guerra civil los eslavos fueron libres y quisieron vivir en paz. Pero los blancos no se lo creyeron del todo y en 1871 crearon el Klux Klux Klan (KKK), que se encargaba de perseguir y linchar a los negros. Al poco tiempo sacaron también una de las primeras leyes sobre armas: una persona negra no podía tener un arma. Fue un gran año para América".
Después de esta breve reseña sobre los Estados Unidos y el miedo a lo largo de su historia, volvamos a su último dispositivo de discriminación legalizada: la VISA.
Preguntas frecuentes:
¿Se puede entrar a los Estados Unidos sin una VISA?
Depende de donde vivas. Si vivís en Argentina no… y si vivís en Irak, o en lo que queda, yo creo que tampoco. Es más, andá pensando en ir de vacaciones a otro lado.
¿Qué es una VISA?
Tiene varias acepciones:
1-Una tarjeta de crédto. Correcto, pero no es de lo que estamos hablando.
2-Según mi pequeño Larousse ilustrado: Visa-Visado, da: (1) pasaporte visado (2) M. Sello, firma o escrito puesto en una documentación, ya para darle validez, ya para atestiguar el pago de un derecho.
3-Un papel en tu pasaporte con la foto carnet más horrible que van a sacarte jamás.
4-Una nueva forma de marcar diferencias.
¿Es Gratis?
-¡Ja!
¿Cómo se consigue?
Muy simple…
La cosa comienza con un llamado, pero como no sos tampoco lo suficientemente bueno como para hablar con ellos directamente, te lo cobran.
Son 50 pesos los 15 minutos. Y sin besos en la boca.
Te piden tus datos, te preguntan qué día te vas, a qué, por qué, si ya estuviste, qué hacés de tu vida, cómo está compuesta tu familia, si dormís de costado, si lloraste con el Rey León, si sos terrorista, si manejás armas nucleares, si estás pensando en estrellar un avión en alguna parte… y cuando te querés acordar, sentís que esa persona ya te conoce más que tu pareja… y te enamorás de una operadora.
En ese llamado te dan un turno para ir hasta su embajada, te dicen lo que vas a tener que llevar y te avisan que vas a tener que seguir pagando. Imaginate que si la Hot-Line te cobra 50 mangos, el encuentro cara a cara es otro precio. Y todavía no sabés si te la dan… o mejor dicho ya te la dieron…pero no la VISA.
Ese día vas a tener que llevar, además de pasaporte al día y formularios larguísimos, todo aquello que pruebe que sos lo más parecido posible a un digno sobrino del Tío Sam. Un sobrino que al Tío le da un poco de vergüenza mostrar, hijo de una hermana que siempre fue un poco la oveja negra de la familia, al que está bien verlo un par de días para las fiestas, pero que si no viniera sería mejor.
Después de alrededor de tres millones de controles que incluyen, detector de metales, filas varias y huellas dactilares, entre otras cosas, te espera algo así como una cajera de banco, que atrás de un vidrio y con cara de pocos amigos, te va a preguntar todo lo que se le ocurra y va decidir, según el día que tenga, si te deja o no te deja entrar a su país.
Si te dice que sí, festejás y como te imaginarás seguís pagando cosas. Si te dice que no, pagaste para que te hagan sentir mal y te digan que no estás al mínimo del nivel que se necesita para conocer todo el mundo en el que naciste. En otra vida será (experiencia ideal para masoquistas internacionales).
Aclarado el primer paso ya podemos adentrarnos en el viaje mismo. No hace falta decir que fui en avión… bueno sí, hace falta: fui en avión.
El vuelo salía a las 5.00 de la mañana así que esa noche no dormí. El Airbus/Airemicro en el que viajé, hacía escala en San Pablo y de ahí directo a La Gran Manzana. El primer tramo se me pasó volando (Cuack), fui al lado de un matrimonio que se iba a Buzios de vacaciones, la mujer una señora platinada que sonreía todo el tiempo y el marido un hombre grandote de gesto adusto y seño fruncido que casi no hablaba. Cuando llegué a Brasil, los televisores anunciaban que era el último llamado para mi avión a NY, así que literalmente me bajé de la manga de uno y subí a la del otro.
Me tocó ventanilla, este avión era mucho más grande e incluso tenía una pantallita personal con touch-screen/tocá-pantalla (después nosotros somos los indios) en la que se podían ver películas o consultar un GPS que informaba dónde estaba el avión, cuánto faltaba para llegar, usos horarios de los países y demases.
Arrancamos, carreteamos, despegamos y lo primero que llegó a mis manos fue una bolsita con cosas para el viaje, cepillo de dientes, jabón, dentífrico y crema de cacao (que Scarlett me dijo el viernes que tengo que empezar a usar), entre otros accesorios.
La mujer que tenía al lado, muy agradable por cierto, de nacionalidad Alemano-Argentina, viendo y considerando que íbamos a pasar las próximas diez horas juntos, se dispuso a sacarme charla y dijo refiriéndose a las bolsitas que acababan de darnos:
-Que bueno que dan estas cosas, hasta traen medias.
Y yo, siempre oportuno, tratando de decir algo y sin pensar demasiado lo que le digo, le respondo.
-Sí, la verdad que sí. Trae peine también.
En este punto es conveniente aclarar que la señora era pelada. De las dos millones de boludeces que traía esa bolsa, a mi se me ocurrió hablarle del peine.
La mujer, lejos de clavarme el cepillo de dientes en la yugular, me miró frunciendo el entrecejo y dijo:
-Sí, igual a mi no me sirve de mucho.
Recién ahí tomé conciencia de lo que acababa de decirle.
-Bueno… pero lo importante es que viene ¿no?- me acuerdo que le respondí. Un boludo atómico.
Afortunadamente mi compañera volvió a dirigirme la palabra y resultó ser una persona interesantísima. Me contó de su yerno que era corresponsal del New York Times en Rusia, de su nieta que vivía en París, de su hija que había estudiado en Holanda y de una oportunidad, en la que había tenido que vivir tres días en un aeropuerto.
Estaba preocupada porque nuestro vuelo se había atrasado bastante y temía perder el que la llevaba a París. Cuando llegamos la dejé hablando con un policía del aeropuerto sobre esta cuestión, pero al ratito escuché que a los gritos alguien me llamaba por mi nombre. Cuando me di vuelta era ella (¿quién más podía ser?) que venía con paso rápido. Hicimos juntos la cola, seguimos charlando y nos despedimos en migraciones.
Ahí estaba yo, con mi bolso y una mochila, solo en el Aeropuerto John Fitzerald Kennedy (alias el JFK). “A” me había mandado un sms para que por nada del mundo me tomase un subte, que era mi primera opción y que ahora acababa de quedar descartada. Le hice caso, le pregunté a un seguridad que dormía en una cabina telefónica, cómo podía llegar a Manhattan y me dijo que en Taxi y que me iba a costar unos 50 dólares…(¡La concha de tu madre!)...200 pesos y todavía no salí del aeropuerto.
Bueno… para una primera parte creo que hasta acá está bien… mi amiga Amy me dijo que un “to be continued” a tiempo crea expectativa… yo de marketing no sé nada, pero este me parece un buen momento… el aeropuerto es territorio internacional, así que técnicamente todavía no llegué a Nueva York… para la próxima…
To Be Continued / Continuará
2da Parte
¿Dónde nos habíamos quedado?... Ah sí, “To be Continued”. Volvamos a ponernos en situación: es de noche, estoy en el aeropuerto de Nueva York frente a un guardia que acaba de decirme que la única forma de llegar a Manhattan es en taxi y va a costarme unos 50 dlrs…
Antes de continuar, me doy cuenta que dí algunas cosas por sentadas, por ejemplo, que todos saben cómo está estructurada la ciudad de Nueva York:
New York es un estado y dentro de ese estado está la ciudad que lleva el mismo nombre, compuesta por tres islas: Manhattan, Staten Island y Long Island. No vamos a entrar en detalles, sólo diremos que Manhattan es la isla del medio (ahí están los edificios, las luces, el Central Park, se filman las películas bla bla bla) y en las otras dos, están los barrios: Brooklyn, Queens, Harlem y El Bronx.
Volvemos al guardia y el taxi hasta Manhattan:
El tipo después de darme las indicaciones pertinentes señaló la puerta vidriada del aeropuerto, del otro lado se veía una fila larguísima de taxis amarillos. Acto seguido se acomodó en la cabina y siguió durmiendo.
La puerta se abrió y dí el paso. Ahora sí estaba pisando suelo Newyorkino. Sin embargo no era lo que me esperaba… el JFK está como a unos 45 minutos de lo que yo me esperaba.
Es un poco idealista, lo sé, pero uno dice “New York” e imagina inmediatamente las luces, los colores, el ruido, el Chrysler, el Empire State, la estatua de la libertad, los autos, la gente, Woody Allen paseando un perro junto a su espojastra vietnamita por la 5ta Avenida… y no había nada de eso. Se veían una puerta corrediza, la fila de taxis, mucho gris y una autopista que pasaba lejos… la escena era más bien triste, oscura, o gris que es peor… cuestión, así me va a mí idealizando a la gente y a las cosas.
Miré y en el extremo de la parada un grupo de hombres hablaban entre si, supuse serían los choferes. Apenas me vio venir, uno se me acercó y me dijo ¿Taxi? Le dije que sí, mejor dicho le dije que “yes” y se ofreció a ayudarme con el bolso.
No era un tipo muy alto, era moreno y en la oreja llevaba enganchado un manos libres inalámbrico, cuando pasamos junto al resto del grupo, ví que todos tenían uno.
Nos alejamos y acá vino la primer sorpresa. En lugar de dirigirse a la fila de taxis amarillos, el morocho cruzó la calle y fue hasta una de camionetas 4x4 último modelo estacionadas en frente. Este no es un dato menor si partimos de la base de que si el Taxi amarillo, común y corriente iba a costarme 50 dlrs, una camioneta 4x4 último modelo muy probablemente iba a salirme más cara.
Pregunté entonces -¿Cuánto va a costar el viaje?- mi compañero que ya estaba subiendo los bolsos respondió que menos de “55 dlrs” no podía cobrarme. La diferencia era mínima y después de 12 horas de vuelo yo sólo quería huir, así que acepté.
Mi chofer era ecuatoriano, me contó que hacía varios años que estaba viviendo ahí con su familia y que tenía una casa en Queens, según dijo, “un barrio de argentinos”. Le pregunté si extrañaba Ecuador y me dijo que no, me preguntó cómo estaba Argentina y le dije que mal.
Él vagamente se acordaba de algunas imágenes que había visto por TV hacía algunos años de gente reclamando en las calles, de supermercados saqueados, del llanto de un chino frente a su negocio destruido…ese tipo de imágenes que a la CNN le encanta mostrar del hemisferio ajeno.
Él no se acordaba mucho del por qué de todo eso o nunca lo había sabido… la cosa es que a diez minutos de llegar yo estaba hablando del corralito, de Cavallo y los superpoderes, de la fuga de las sucursales de las bancas extranjeras, de los ahorristas… un viaje “pum para arriba”.
En medio de la alegría del 2001 noté que nuestro amigo ecuatoriano se salía de la autopista por la que veníamos circulando y entraba en un desvío. Detuvo la camioneta en un barrio de casas bajas, grafittis, calles oscuras y puertas iluminadas por lamparitas tenues… yo enseguida supe que eso no era Manhattan.
-Se me pinchó una cubierta- me dijo. Le ofrecí ayuda, pero no quiso aceptarla. Desde donde estaba sentado yo no podía ver la rueda… hagamos aquí un alto en el relato:
Era de noche, estaba en una ciudad que no conocía, bueno tenía algunos datos, por ejemplo que en su momento había sido la más peligrosa del mundo, hasta que llegó Giuliani con su tolerancia cero, pero eso no ayudaba ahora… también sabía que en lugar de un taxi amarillo de esos que a uno no le cabe la menor duda de que son un taxi, yo me había tomado una camioneta 4x4 para mi solo, por 5 dlrs de diferencia… y ahora estaba en una calle oscura en los suburbios de Nueva York, arriba de una 4x4 polarizada, esperando a ver qué pasaba con una rueda pinchada que no podía ver… genial…Heeeellooooowww Neeeewww Yoooooorkkkk!!!
Obvio que yo todavía estaba seteado en “Argentino” y pensaba “Ya está, te van a robar, violar y matar en Nueva York (que top)…, por qué mierda no te tomaste un taxi amarillo…ahora vas a aparecer abajo de un puente en el Bronx con 6 tiros en la cabeza”.
Ya me imaginaba a Mirtha Legrand comentando en su próximo almuerzo: “Hay vieron lo que le pasó a este chico argentino en Nueva York, le robaron, lo violaron y lo mataron al costado de una autopista, que terrible… pero que divino Nueva York, que ciudad magnífica, ¿ustedes han ido?”
Afortunadamente todos mis pensamientos fueron solo parte de la llamada “sensación de inseguridad” de la que hablaba Kirchner, al final salí sano y salvo del percance…aunque claro, le digo a Nestor que si en Argentina se te pincha una cubierta a las 12 de la noche, a 10 minutos de Ezeiza, a la altura de la 31/21, la sensación debe ser otra.
Nuestro ecuatoriano amigo llamó desde la oreja a otra camioneta. Lo hizo en español, así que imaginé que mi nuevo chofer también sería latino.
A los 10 minutos apareció una nueva camioneta, esta vez conducida por un salvadoreño. Arrancamos, seguía el gris y la noche, hasta que de atrás de una curva saltaron de la nada dos millones de edificios iluminados que me agarraron desprevenido… eso sí era Manhattan…la había visto mil veces, pero fue como si no. La cara de boludo que debo haber puesto en ese momento, estoy seguro fue indescriptible… me alegré de que fuera de noche.
Ese fue el primer shock, el primer face to face con la ciudad de Nueva York. He llegado a la conclusión de que esa ciudad lo pone a uno un poco tarado, desde el momento en que la ve, hasta que deja de mirarla. Las luces y el brillo te marean y cuando te querés dar cuenta estás subido a un tren del que no sabés cómo bajarte.
Corrés para todos lados y no sabés por qué, pero todos corren así que seguís corriendo. Le sacás fotos a la gente, a la comida, a un ladrillo, a un taxi, a los edificios. Cuando te encontrás sacandole la quinta foto a un semáforo o a un tacho de basura pensás ¿qué hago?, pero la sacás igual.
Cuando le pregunté al salvadoreño si extrañaba su país me miró con cara rara y dijo que no. Acto seguido agregó que ni loco se iba de Nueva York. La forma en que lo dijo me dejó pensando, así que cuando volví busqué un par de datos de El Salvador. Estuvieron en guerra civil 12 años, terminó en 1992 y son el país más sobrepoblado de Latinoamérica. Si para una superpotencia como China la sobrepoblación es un problema, para un país del 3er mundo es un desastre.
Por algunos juguetes tirados supuse que mi nuevo amigo tendría hijos chicos y por las migas en el asiento, que sacudió con dos golpes de palma antes de que me subiera, que debía pasar mucho tiempo ahí arriba. Hablando de todo un poco me confirmó lo de los hijos y además me contó que su madre también vivía en la ciudad.
El resto del viaje hablamos de fútbol, él sacó el tema. Cuando uno dice que es de Argentina, el interlocutor en un 80% de los casos habla de fútbol. El salvadoreño no fue la excepción. En todo caso era más feliz que hablar de Cavallo.
Me dijo que en Estados Unidos el fútbol era malísimo, él seguía por televisión la liga europea, era hincha del Barcelona y le gustaba Messi. De Argentina sentía simpatía por Boca y ahí en NYC el único deporte que veía era el baseball.
Me llamó la atención lo rápido que manejaban y algo le pregunté al respecto, me contestó que “en Nueva York la gente maneja rápido pero maneja bien”.
Por fín llegamos y con la propina el viaje me terminó saliendo unos 60 dlrs. “A”me había invitado a tomar un trago con ella y sus dos compañeras de trabajo, una Canadiense y otra Yankeenense. Dije que sí.
Bueno, esta crónica se va a volver insostenible en algún punto si no aclaro algunas cosas. Por ejemplo el hecho de que cuando fui a Nueva York yo estaba saliendo con “A”. Ya no.
Si hay otra cosa que caracteriza a esa ciudad es que es endemoniadamente imposible olvidarla a la vuelta. De los últimos tres libros que leí dos hablaban de ella, en uno el protagonista era oriundo de ahí y el otro transcurría entero. Películas todas, series todas, visité un solo puente en el Central Park y ya lo encontré en una película, hay 36, pero al director se le ocurrió filmar en ese. Hasta enganché un partido de los Yankees en TV…¿Quién mira baseball en Argentina?... y a Del Potro se le ocurrió ganar el U.S.Open…
A esto sumésmole que cada persona que sabe que estuvimos va a querer ver las fotos, los videos y un detalle pormenorizado del día a día… si van Nueva York aprendan a convivir con ella por un tiempo.
Era tarde, encontré a “A” en su hotel donde pude dejar el bolso. Con ella estaban sus compañeras. Cuando me quise dar cuenta íbamos los cuatro arriba de un taxi, esta vez de los amarillos, ellas obviamente hablando en inglés y yo tratando de no hablar mucho.
Paramos en el “W” hotel, un morocho grandote vestido de bordó nos abrió la puerta del taxi y nos dio la bienvenida. Entramos y desembocamos en un hall con paredes y techo vidriados. Se podía ver través de los paneles transparentes agua que corría, daba la sensación de que la habitación estaba sumergida. El piso era una alfombra roja con una “W” al medio y en frente estaban las puertas de doble hoja doradas de los dos ascensores. Una se abrió, subimos los cuatro y la canadiense, que ya había estado, marcó el 3ro.
Salimos a un bar de sillones blancos, mesas bajas, una barra larga, piso de madera flotante y mozas que atendían a los clientes en cortísimos vestidos de noche. Toda la gente se reía y tomaba tragos de colores estridentes en copas, copones y vasos de todo tipo.
La música no estaba muy fuerte, era rap o hip hop, pero del marketinero. Los bajos se sentían en el pecho y un par de negros enormes, de ropa deportiva ancha, fancy clothes, movían las cabezas al ritmo. A mi se me vino a la cabeza que esa moda había nacido ahí, en Nueva York.
En la época en que el Bronx y Harlem contenían a la mayor cantidad de delincuentes de la ciudad, la ropa ancha había logrado salirse de la cárcel y llegar a las calles. Por una cuestión de que un pabellón de presos no es una tienda de la 5ta Avenida, desde el más escueto al más entrado en carnes es obligado a usar el talle XXL. Así la ropa grande, los pantalones caídos, las camisas holgadas, fueron imponiéndose primero en los barrios bajos, Harlem y el Bronx, para luego ser moda y terminar vistiendo a un negro que mueve la cabeza al compás de la músic,a mientras toma un tequila sunrise en el tercer piso de un hotel lujoso de Lexington Avenue.
Estados Unidos hace eso, cada expresión cultural la convierte en producto. Lo bueno y lo malo, la mafia se vende, los atentados se venden y al mismo tiempo nos hacen ver comprometidos, la policía se vende, ser newyorkino se vende, dos torres con gente a cambio de una guerra que nos de todo el petróleo de Medio Oriente se vende, cualquier cosa puede ser usada para beneficio del país y generar más plata… ok, me fui por las ramas, volvamos.
Nos sentamos en uno de los sillones que estaban libres, “A” y su amiga canadiense fueron a comprar bebidas y yo me quedé con la yankeenense que hablaba algo de español. Preguntó por el viaje y por el lugar donde pensaba hospedarme, dije que en un hostel de Brooklyn y la expresión de su rostro fue como si le hubiera dicho en una carpa en el Central Park.
En frente nuestro había un grupo de latinos con ropa ceñida y mucho gel en la cabeza, daba la impresión de que eran turistas. Más allá en otra mesa un tipo canoso de camisa a rayas conversaba con una mujer mucho más joven que él.
Volvieron “A” y “C” con cuatro cervezas. En medio de la charla, las norteñas comentaron que yo no parecía latino por como iba vestido y por ser simpático, eso intentó ser un cumplido, ya que todos sabemos que los latinos son huraños y se visten con hojas. El comentario no tenía una pizca de maldad, debo admitirlo, pero me llamó la atención.
Al otro día no vi ni a la canadiense, ni a la yankeenense y “A” trabajó hasta tarde. Cuando terminó nos tomamos un taxi hasta un hostel de Brooklyn donde teníamos reservaciones. Le dijimos la dirección al chofer y cuando vimos que el tipo desplegaba un mapa y rebuznaba, supimos que iba a ser lejos.
A mitad del viaje volvió a desplegar el mapa, no decía nada, balbuceaba y refunfuñaba, si algo era seguro es que no estaba contento. Pasamos por un barrio latino, los carteles estaban en español y ya no había edificios. Nos llamó la atención el consultorio de un dentista, cuyo cartel era una muela gigante bastante descolorida en un local de 1m x 1m. Abundaban los dobles comercios con carteles como “ Juan y Juan – peluquería y estudio jurídico” y eso también llamaba la atención.
Desaparecieron los negocios y pasamos a una zona de fábricas, depósitos y camiones. Si tuviera que describir el escenario diría que era igual al videoclip “Thriller” de Michael Jackson. “A” no estaba contenta, pero decía que si. El viaje nos salió 50 dlrs. El hostel, para esa zona estaba bien.
Había un chino en la recepción que nos recibió y nos asignó las habitaciones, pagamos solo esa noche porque al día siguiente viajábamos a Boston.
El cuarto no tenía conexión eléctrica, había una lámpara de piso con pantalla de papel que iba prendiéndose de a poco, una cama y un intento de “caja fuerte” a la que yo en honor a la verdad llamaría simplemente “caja”. Una ventana chiquita daba a otras dos ventanas que dejaban ver la cocina de alguien.
La habitación tenía Internet, reservamos desde la computadora de “A” el hotel en Boston para el otro día y sacamos los pasajes en micro. Cuando terminamos con eso corrimos a la calle a ver la ciudad.
El subte estaba a unas cuatro cuadras, era de noche, el barrio era un suburbio y lo demostraba en cada baldosa. Nueva York es estereotipo, todo es “como en las películas” y cada persona que la visite no puede dejar de recordarlo y decirlo, por más que sea el pensamiento más trillado del mundo. Un callejón no es un lugar sucio, oscuro y peligroso… es “un callejón como en las películas”… y la cosa adquiere otro nivel, se lo mira con otros ojos y hasta queremos sacarnos una foto con el callejón.
Subimos al subte y “A” les consultó a dos chicas de unos 18 años, de medias cortadas y mucho rimel, por una parada que nos dejara en el Central Park. Le dijeron que bajáramos en Columbus Circle y le advirtieron que a esa hora el parque era peligroso, que no entráramos, había mucha “homeless people”, mucho vagabundo suelto.
Salimos de la boca del subte y éramos los más turistas del mundo. Yo tenía una cámara de fotos y ella una de filmar, los dos con mochilas, íbamos mirando para arriba, cruzando las calles por cualquier lado, hablando a los gritos y chocando gente… “Hola soy turista”.
Estábamos en uno de los vértices del Central Park, alguien dijo que por ahí estaba el Wall Trade Center, pero al final era mentira. A pesar de los consejos de las chicas del subte entramos al parque y dimos una vuelta corta. Después averiguamos cómo llegar al Dakota hotel, donde vivió y murió John Lennon en 1980, asesinado por Mark David Chapman. Sí, ya sé, a primera vista puede no parecer uno de los destinos más alegres, pero para dos fanáticos de los Beatales, es un lugar al que hay que ir, no se discute.
Después de una conversación con un panchero que cuando le pregunté por “Strawberry Fields” (*) me miró como si le preguntara por el monolito de Mafalda, “A” entró en una sucursal de FedEx. Ahí tampoco sabían, pero se tomaron el trabajo de buscarle en Internet la dirección… que bondadosos los newyorkinos… si entraba yo no me vendían una estampilla.
(*): Strawberry Fields es un sector del Central Park realizado en honor a John Lennon y está ubicado frente al Dakota Hotel.
Caminammos bastante hasta Central Park West y la 72, dirección del Dakota. Cuando llegamos nos estábamos peleando por algo, mejor dicho no, directamente no nos hablábamos.
A esto se sumó que el Dakota si es tétrico en fotos, en vivo y en directo es toda una saga de películas de terror juntas y si le agregamos que en la puerta le pegaron cinco tiros a Lennon… la noche era un completo bajón…¿qué más podía pasar?... se largó a llover.
Nos metimos en un lugar de comidas rápidas y compramos dos porciones de pizza que comimos sentados en una mesa, abajo de un toldo que había en la puerta. A los pocos minutos un tipo de delantal blanco y bigote frondoso se puso a barrer, después levantó el resto las mesas y las apiló, adentro apagaron algunas luces… “la ciudad que nunca duerme”.
Esa noche definitivamente nada era como tenía que ser, pero en una ciudad donde toda la gente sobreactúa su personaje, donde todos son estereotipos, donde cada uno desarrolla el papel que le toca, que las cosas no fueran como tenían que ser, nos convertía a nosotros en lo único real.
Que poético mi final, que raro fue escribir esta segunda parte… bueno, recién pasó un día… para que esta crónica no se ponga densa trataré de aglutinar todo el NYC que nos queda en una tercer y última parte…¿cómo?...todavía no lo sé... pero espero lograrlo para antes de las navidades.
To be Continued / Continuará
3ra Parte (Good Bye New York, capítulo final)
Definitivamente me estoy convirtiendo en una Dora. Releyendo la 2da Parte de esta crónica me di cuenta de que no paro de quejarme…soy un bajón.
Escribí en un mal día y se notó, seguramente era domingo a eso de las 7.00 de la tarde “la hora del balazo” como le dicen, por ser el día y el horario con mayor índice de suicidios registrados.
Hoy no sé bien qué día tengo, lo averiguaré cuando termine de escribir, si otra vez es bajón cerramos el blog, bajamos las persianas y declaramos a Pepperland la ciudad perdida.
En primer lugar quiero reivindicar a Brooklyn porque se lo merece y en el post anterior pareció Kosovo. Amé ese barrio, con Thriller, los cuatro tiros que escuché la primera noche, el humo, las fábricas, con todo, eso sí era Nueva York y no aparece en ninguna postal. En Manhattan trabajan todos y no vive nadie, es lo que todos estamos esperando ver… y no vemos más que eso. Brooklyn I Love You.
Volvamos a la historieta…
Amaneció en el Loft Hostel y ya era tarde, teníamos una hora para estar en la puerta del Madison Square Garden y tomarnos el Bus que nos llevaría a Boston. Salimos literalmente corriendo y armados con dos mochilas, bajamos las escaleras de Morgan Station y “A” tuvo tiempo de robarse a la pasada un cartel que decía WET PAINT (pintura fresca), ¿para qué? No sé, souvenir…¿a quién podía servirle saber que ahí había pintura fresca?... a nadie.
Desde la ventanilla el empleado nos dijo por un micrófono: “Shutter Bus”. Eso quería decir que no funcionaba el servicio y había que tomarse un micro que nos iba a dejar en la próxima estación donde funcionara… de nuevo a correr, esta vez escaleras arriba.
Salimos del tunel y la gente ya iba entrando a presión en uno de los micros, veníamos muy retrasados así que no había tiempo para esperar otro.
Fuimos parados (dato: en Nueva York también se viaja parado), apretadísimos, cada vez que frenábamos o arrancábamos me acuerdo que le tenía que pedir disculpas a alguien porque le pegaba y cuando me daba vuelta para hacerlo, me llevaba puesto a otro con la mochila.
Opté por quedarme lo más quieto posible, hasta que “A” me pidió un mapa, entonces empecé a viborear para sacarme la mochila y debo haber batido ampliamente el record en la categoría “I´m Sorry´s Brooklyn traviesa en autobús”, porque nunca le pedí disculpas a tanta gente al mismo tiempo.
Cuando logré sacarlo se lo alcancé y ella lo analizó un rato. Teníamos que bajar en Penn Station y en el mapa figuraban dos paradas con ese nombre… genial. Después me lo devolvió abierto, me acuerdo porque yo no pude cerrarlo, me lo sacó de la mano y lo cerró ella en dos movimientos, cuando me lo devolvió me miraba con esa expresión que sólo puede significar “¿vos sos pelotudo?”
Finalmente llegamos al Madison y el autobús ya se había ido hacía rato. Por suerte en una hora salía otro y había pasajes, mientras esperábamos aprovechamos a recorrer Penn Station y vimos cómo bajaban los instrumentos de KISS, que tocaba esa noche.
Llegó el micro, subimos, “A“ durmió la mayor parte del viaje… pero “A” duerme la mayor parte de lo que sea, inclusive en una oportunidad durmió la mayor parte de una cena,. .. sentada y todo en la mesa de un restaurante… sí, lo sé, las chicas la pasan bárbaro conmigo.
Llegamos a Boston y la ciudad era de casas muy al estilo inglés, recorrimos un poco el centro y yo ví a Cameron Díaz en una tienda:
-¿Está buena? (pregunta recurrente)
-Es flaca, alta y tiene acné (respuesta recurrente)
-¿Acné? (2da pregunta recurrente)
-Sí, acné (2da respuesta recurrente)
-No puede ser (Afirmación recurrente)
-¿Quién la vio vos o yo? (3er pregunta recurrente y fín de la discusión)
Ya era de noche así que decidimos ir hasta el hotel donde teníamos las reservas. Paramos un taxi que manejaba un negro de boina y cuando le dijimos “al Red Roof Inn Hotel” se dio vuelta y nos miró con cara de desconcierto. “A” entonces le alcanzó el papel donde estaba anotada la dirección.
El tipo lo analizó un rato y por fín sentenció: Esto no está en Boston.
No nos esperábamos la noticia. Después de preguntarle unas 900 veces si estaba seguro a ese hombre que vive de llevar gente a todos los hoteles de la ciudad, decidimos creerle.
Finalmente descubrimos que el hotel donde teníamos las reservas estaba en un pueblo cercano llamado Woburn. Habrá estado a unos treinta minutos calculo, llegamos, al lado había un restaurante mexicano, no me acuerdo el nombre, pero tenía luces fluorescentes.
El hotel era excelente, hasta tenía pileta climatizada, nosotros ahora íbamos cargados con varias bolsas además de las mochilas y estábamos cansadísimos. En la recepción nos atendió un muchacho de camisa a rayas verticales negras y azules, lentes y pelo con gel peinado al estilo puercoespín.
Pidió el apellido y “A” le dio el de ella… no figuraba la reserva… antes de entrar en pánico nos acordamos que estaba a mi nombre…le dí el mío… tampoco estaba la reserva… nuestro amigo con gel agregó que el hotel estaba lleno… y frutilla del postre: se nos reía.
El risueño nos alcanzó entonces un teléfono y el número de varios hoteles en Woburn y Boston… todo lleno. El tipo se seguía riendo, como si la situación fuera graciosa… movía la cabeza a un lado y al otro y nos miraba como esperando a que nosotros nos riéramos con él.
Salimos, pasamos frente al restaurante mexicano y “A” divisó a lo lejos un hipermercado, único símbolo de civilización a la vista. “Hay un McDonald´s” dijo ella, esa “M” brillando en el cielo era nuestra única esperanza para pasar la noche… la cosa es que Ronald estaba cerrado igual que el resto del hipermercado… quedaba un solo lugar al que recurrir, el restaurante mexicano.
Entramos y expusimos nuestro relato, ahí nos dijeron que salvo en taxi no había forma de volver a Boston, ya no circulaban ni micros, ni trenes… decidimos cenar ahí, mientras la encargada, una mujer amabilísima, telefoneaba en busca de un hotel a todo el condado.
Detengámonos un momento y hagamos un breve repaso del día 2:
Nos quedamos dormidos, corrimos, no funcionaba el subte, shutter bus, subte, perdimos el micro, tomamos otro, nuestro hotel no quedaba en Boston, era de noche, taxi hasta un pueblo cercano del que no teníamos absolutamente ningún dato, llegada al hotel y noticia de que no figuraba la reserva, no hay habitaciones disponibles ni en Boston ni en el pueblo donde estamos… frutilla del postre… un tipo con gel se nos rie.
Volvamos al restaurante:
Apenas nos habíamos acomodado “A” se sacó el buzo y rompió sus lentes quedando ciega para el resto del viaje. Al rato volvió la encargada y dijo que había encontrado algo…en Saugus, otro pueblo cercano… lo que significaba: taxi.
Finalmente disfrutamos de la cena e incluso me alegré de estar ahí con “A”, a pesar de las malas noticias, los taxis, las direcciones, los hoteles y las no reservas.
Dimos vueltas por caminos insospechados, calles de tierra, autopistas, desvíos, el tipo sacaba mapas, consultaba el GPS´s, llamaba gente, volvía a pasar por donde ya había pasado y se excusaba… para variar la copada de “A” se había quedado dormida. 45 minutos después llegamos al hotel.
Nos desmayamos en la cama y al otro día nos levantamos temprano. Ese segundo día en Boston fue increíble, recorrimos la ciudad y algún parque, almorzamos en pleno césped de la universidad de Harvard y hasta nos metimos en el único pabellón que encontramos abierto, aunque seguramente no podíamos estar ahí. Además coincidimos con el festejo de
Nuestro Bus de regreso salía al mediodía, pero decidimos perderlo porque la estábamos pasando muy bien. Recién como a las siete de la tarde volvimos a Back Bay Station desde donde salía el micro de vuelta a Nueva York.
Llegamos y el micro de las 7 jamás había aparecido, por lo que una fila de más de cien metros aglutinaba a los pasajeros del de las siete y el de las ocho… y nosotros sin boleto.
Nos pusimos en la cola y cuando llegó el bus “A” se acercó al chofer y le explicó la situación,.El tipo le dijo que si había lugar podíamos viajar, pero que viendo la cantidad de gente, no creía que pudiéramos hacerlo.
El clima en la fila por la gente que hacía más de una hora que esperaba, junto con la que tenía boletos para el de las ocho y no quería viajar a las 9 por culpa de los de las 7, era tenso.
Ante la gran demanda de pasajeros que querían subir el chofer dejó de pedir los boletos, “A” se puso una campera y una gorra para que el tipo no la reconociera y logramos entrar.
Mucha gente quedó afuera, el chofer avisó que otro micro estaba en camino, todos eran felices y nosotros habíamos dado el golpe perfecto. Pero siempre hay un proyecto de Dora a la que se le ocurre armar quilombo.
Entre los que no habían podido entrar había una mujer, una Dorothy, que subió al micro y empezó a acusar que ahí había gente con boleto para las ocho, que ella tenía para el de las siete y tenía prioridad, instando a que declararan quiénes se estaban colando.
El chofer miraba con cara de susto y cada tanto hablaba por teléfono, lo vi subir y buscar entre las caras de los pasajeros, yo estaba seguro de que buscaba a “A”, pero ella estaba de espaldas y no la vio.
En el momento de máxima tensión llegó el otro micro... se solucionó la discusión,.Dorothy se fue rebuznando, pero lo importante era que todos íbamos a volver a Nueva York. Con “A” estábamos enfrentados, ella iba al lado de un hombre de bigote y yo de una mujer regordeta que me levantó con unas palmadas en la cabeza cuando me dormí arriba de ella. Cada vez que me subo a un micro termino pidiéndole disculpas a alguien.
Bien… mi poder de síntesis evidentemente es un desastre porque esto es el día Nro 2 en Nueva York y estuvimos 10… así que de los 8 días restantes contaré solo breves pasajes y haré algunos comentarios:
El Inglés
Una de las pocas mañanas en que con “A” pudimos bajar antes de que termine la hora del desayuno en el hostel, compartimos mesa con un inglés. El tipo cuando supo que éramos argentinos sacó los dos últimos temas que yo hubiera sacado en el mundo para entablar una conversación entre ambos países:
Tema Nro 1: Gol con la mano de Maradona en el 86´
Tema Nro 2: Malvinas… más específicamente “Fuckland”, película cuyo argumento habla de un argentino que para vengarse de lo ocurrido en las islas, las visita y pretende tener relaciones sexuales con todas las malvinenses.
Music at the NYC Subway
En los subtes de Nueva York se respira jazz, ahí se encuentra a los negros más talentosos del mundo. Hace poco fui a ver a Alfredo Casero que comentaba que “cuando repartieron el ritmo empezaron por el norte y cuando llegaron acá tiraron todo lo que quedaba en Uruguay, a nosotros nos dejaron apenas dos cajitas de 5kg” y tiene razón.
Muchos me pidieron que subiera fotos del viaje, prefiero subir tres videos de estos morochos, dos de los cuales le tengo que agradecer a “A” por haberlos filmado. Gracias “A”. Pueden ver los videos más abajo.
Sección “Mentiras y Verdades de NY”
A las doce cierra todo.
Re chiquita.
El Empire State
Vale la pena , se ve toda isla desde ahí arriba y después es mucho más fácil ubicarse… esto me lo había adelantado mi queridísima amiga Pili.
Ahí me enteré que a los inmigrantes antes de desembarcar los hacían pasar frente a la estatua como símbolo de “libertad”… ahora los hacen pasar por
La última noche volvimos tarde al hostel, no dormimos, nos pusimos a armar los bolsos y a eso de las cinco de la mañana salimos para el aeropuerto. Mientras yo hacía la cola del chek-in, “A” se fue a dormir a una cabina telefónica. Nos despedimos en la puerta de embarque, antes de que me subiera al avión me dijo que me cuidara, tendría que haberle hecho caso.
The End
Soy realista y no creo que haya una nueva crónica antes de que termine el año, así que considero es el momento de hacer esa mirada retrospectiva que ameritan este tipo de momentos y preguntarnos después de aquella cubierta robada y la noche en la comisaría, de la primer Dora en gimnasio, de Mirta y las Doritas en el garage, del Dr.Quesedormía, de Scarlett, de “A”… ¿Estaremos más cerca de Pepperland que antes? ¿Será éste el camino?... no lo sé… no hay certezas... pero estoy convencido de seguir buscando... y eso tiene que ser bueno.
