domingo, 27 de mayo de 2012

Cuarta Crónica

Como podrán apreciar le he dado una nueva apariencia al blog, les gusta? No? No me importa. Bien, la razón del cambio es que algunos lectores manifestaron que el fondo negro con las letras blancas les dificultaba la lectura, esto sumado a un conocido especialista en temas de diseño que me dijo lo mismo, terminaron convenciéndome de cambiar el negro y el blanco por estos tonos pasteles y crema, que dicen, son los recomendables.
El yoga se ha hecho esperar, lo sé. Aclaro que ahora necesito urgente un quiropráctico para la espalda y que la sesión fue mucho menos relajante de lo que esperaba. Una recomendación: no hagan yoga en cercanías de un niño.

My Garage Band

Bien, el primer paso fue encontrar una instructora. Después de un breve relevamiento llegué a dos, una muy afamada que sale en el diario y otra que es del barrio y da las clases en un garage. Como ya la gente con renombre tuvo su oportunidad y me defraudó (Dr.Quesedormía), ganó la del garage.

No tenía número ni nada, nomás un nombre y una dirección, así que me dirigí al lugar en cuestión. “Es un portón verde”, me habían dicho, lo encontré fácil, llegué toqué timbre y me abrió la puerta una mujer de unos 50 años: Mirta (la profe).

Le explique mi situación, en realidad no, le figuré una situación más normal, porque si yo le decía que quería hacer yoga para escribir una crónica o para encontrar Pepperland, su mirada iba a ser como la mía cuando me dijeron “el doctor se duerme, pero es el mejor” (y les aseguro que no es una buena 1ra impresión). Así que le dije algo así como que andaba estresado y que me habían dicho que hacer yoga me iba a ayudar… que en cierto punto es verdad.

La mujer me dijo que no había ningún problema, que las clases las estaba dando a las 19.00 hs los días jueves y que podía probar sin compromiso. Quedamos en vernos esa misma semana. Antes de que cerrara la puerta reparé en el hecho de que seguramente ese que estaba detrás de ella, donde ahora había estacionado un Fiat Duna color rojo, era el garage donde me habían dicho que daba las clases.

El jueves me presenté a la hora acordada vistiendo jogging azul y buzo rojo, toqué el portón, me abrió Mirta y para mi tranquilidad no estaba el Duna, íbamos a estar apretados sino. Había ya dos señoras, llamémoslas Doras, desde este momento el término “Dora” remitirá a ese tipo de señoras de cierta edad que todos conocemos y a las que no hace falta describir (El nombre es en conmemoración a aquella mártir de la bicicleta fija, aparecida en el 2do post de este blog).

Entré y me miraron las Doras de arriba abajo con cara de asombro, saludé y una de ellas con ese tono tan particular que suelen tener las Doras, me dijo “¿vos venís a la clase? que raro un hombre que haga yoga” (+ risita cómplice con la otra Dora), divina la señora.

Al ratito llegaron otras dos Doras más y nos dispusimos a comenzar los ejercios, Dora 1, Dora 2, Dora 3, Dora 4 y yo. Afortunadamente había colchonetas para todos.

-Nos sentaaaamoooos, respiraaamos hooondooooo… y exhalaaaamos…- dijo Mirta unas 45 veces.
Terminada la etapa de respiración, que con el resfrío que tenía era vergonzosa, vino la llamada “primera posición”.

-Primera posición- dijo Mirta

Yo la miré, con cara de “¿Eh?” y ella procedió a explicarme muy didácticamente que existía una posición que era muy simple, la que incluso uno podía realizar en su casa, en el trabajo, sala de espera, oficina o donde fuere y cuando fuere, que servía para relajar todo el cuerpo (Las Doras asentían con la cabeza y hacían comentarios como “es bárbara”, “la vas a hacer en todos lados”, “yo lo hago mientas cocino” y demás) se llamaba 1ra posición.

Debo admitir que verdaderamente la posición era simple y surtió efecto al instante (punto para el yoga, no me lo esperaba), la misma consistía en presionar fuerte con dos dedos el lóbulo de la oreja derecha y abrir y cerrar lenta y repetidamente la boca, sólo eso.

A medida que uno lo iba haciendo sentía cómo los músculos se relajaban, respiraba mejor, entraba más aire a los pulmones y si alguien lo está haciendo en este momento, sepa que no tiene ni la menor idea de lo que es el yoga.

Admito que llegué con algunas pre-nociones a mi primera clase, sacadas seguramente de películas y relatos de mi madre (ex - yoguista). Según mi imaginario personal yo entendía que esta técnica milenaria debía realzarse indefectiblemente acompañada de una melodía que transmitiera serenidad, paz interior, algo celta, étnico, un conjunto de vientos, un cuarteto de cuerdas, incluso música de cámara, la banda sonora de la Historia Sin Fín, pero jamás de los jamases, Ricardo Arjona.

Se ve que la gente se da cuenta de ciertas cosas, porque Mirta enseguida que le dio play al radiograbador PHILIPS a casette, me miró y me dijo “a las chicas les gusta Ricardo, las relaja, así que te vas a tener que acostumbrar”, le sonreí a la profe y le dije que estaba bien, mientras pensaba, si seguimos haciendo lo que les gusta a las chicas vamos a terminar todos tejiendo y comiendo buñuelos en la cocina.

Empecé a dilucidar que estas clases respondían a lo que unos amigos míos denominarían “el yoga del subdesarrollo”, una adaptación de la técnica original, acorde a la realidad de cada uno, como si diera lo mismo, acá en Argentina hay mucho de esto y se da en varias disciplinas.

Bien, las posiciones déjenme repasar fueron varias, todas acompañadas con respiración lenta y acompasada. Hicimos el medio giro, el arco, la vela, el puente y el triángulo y seguramente alguna me esté olvidando… no me voy a detener a explicar cada una… lo único que tengo para decir es que no tuve nada que envidiarles a las Doras y eso que me llevan varias clases de ventaja… y como 60 años.

Sinceramente en un momento casi llego a relajarme, incluso con Arjona cantando y los quejidos de las Doras de fondo. Mirta hablaba alargando todas las palaaaaaabras, pareecee que eeeso da tranquilidaaaaaad, y estaba funcionaaaaando…asíiii…exhaaaaando…respiraaando…señooora de las cuatroo deeeeeecadaaaaassss…. Y de repente se abrió la puerta del Garage al tiempo que un demonio de nueve años gritaba “MAMÁAAAAAAAAAAAAAAA!!! La abuela por teléeeeeefono” y pegaba el portazo …al carajo el yoga, la respiración, Arjona, la señora de las cuatro décadas, su mirada de fuego al andar, casi me quiebro todo, contractura de golpe y las Doras volaron por los aires. Una se pegó tal susto que creí se nos quedaba ahí, se agarraba el pecho y abría los ojos grandotes agitada (de verdad me asusté por la señora)… fue como si hubiera entrado el Duna rojo y nos hubiera atropellado a todos. Mirta pidió disculpas y después se escucharon un par de gritos adentro, no pasa nada, dijimos todos cuando volvió…pobre angelito, ¿cuántos años tiene?.

Me fui peor de lo que había llegado porque esto pasó promediando el final de la sesión. No sé si por ese incidente o alguna de las posiciones, pero ahora la espalda la tengo a la miseria.

Eso fue en resumen mi clase de yoga con las señoras del barrio, que ahora las cruzo en el almacén o la verdulería y ya somos como medio amigotes, después de verlas en yogging y haciendo esos sonidos que hacían, es como si las conociera de toda la vida… y un poco más de lo que hubiera querido.

9 comentarios:

Iván dijo...

Primero, Alexxxxxxxx
¡¡¡Ehhhhhhh!!!!
Muy, muy buena la crónica, como siempre.
Me alegró tener una participación incluso. Si, yo diría que "yoga+Arjona" da subdesarrollo y no me queda ninguna duda que es así.
Para qué meditar con el ruido del agua cayendo contra el bambú, si podés hacerlo con la voz de Ricardo aullando que "hay pinguinos en la cama".
Sabés que amo a las Doras y lo de los buñuelos y el tejido...¡yapó!

Un Abrass.

Anónimo dijo...

Y al final acudió a la clase de yoga mi estimado!!!
¡4 Doras! Me parece que eso es perjudicial para la salud…Imagino como te habrán observado como un bicho raro ahí en el centro de su nido de concentración y relax, ¡que experiencia! Jaja.
Man excelente como siempre la crónica y espero que se mejore la espalada en su próxima búsqueda de pepperland.
Abrazo.
Leo

Juan Montec dijo...

JAJAJA, muy buena la crónica loco. Creo q si me ponen a Arjona me agarra tortícolis instantaneamente, asi q no voy a poder ir a esas clases. Volvé al formato anterior del blog y q se cieguen los chicatos por leer tus cronicas, despues de todo las iban a leer igual.
Aunque, en realidad, no se si cambiaste de imágen por recomendaciones o porq el yoga te tocó algo... o fue Ricardo? Un abrazo. Juan

Fran harrison dijo...

Muchas gracias alejo, dado que ya sabés quien es mi hermano no tiene sentido aclarar mi amor incondicional por los beatles, espero que sigas pasando y que tu comentario se mantenga intacto, muy bueno lo tuyo también, dame un par de clases de diseño, jaja un abrazo grande.

Gil dijo...

Me dijo Estrella que su profe de yoga no va a poder darle más clases porque se le rompió el cd de Sandro, vos qué decis? le recomiendo a Mirta?? Mirá que puede ser una potencial Dora, sería la quinta! jaja..
en serio, es un gusto leer sus crónicas Santander. Nos vemos,
un beso

Anónimo dijo...

Jaja si la busqueda sigue así, vas a convertirte en una Dorita.
Buenísima, un abrazo Ale

Manu

Mai dijo...

Ale.. sos un crack! Me mori de risa con la parte final... me tente..la vecina se debe haber despertado con mi grito..

Muy muy bueno.. una vez mas... :)

da gusto leerte... de verdad.

Fran harrison dijo...

Alejo, cómo andas?? che para cuando la próxima crónica la estoy esperando ganas, por lo menos adelantame en que estás laburando ahora, jaja un abrazo

semicorchea ||| dijo...

Acá quería que quedara el saludo de Dan Lennon para Les Luthiers, no en (paréntesis)!!!!