jueves 2 de septiembre de 2010

Onceava Crónica


¿Por dónde empezar? Arranquemos por las novedades, que con este temita de la extensa crónica anterior hemos quedado desactualizados. Tenemos Twitter (@PepperlandBlog o @Harry_Block), sí, ¿para qué?, lo estoy averiguando, debe ser que yo no le encuentro la vuelta, no termino de entenderlo, bajo ningún concepto es una pelotudés, soy yo el problema… me debe estar faltando algún botón o algo ¬¬ .


¡Ah! He generado un grupo de Facebook. Sí, en este tiempo que ha pasado me han honrado con un grupo que lleva en parte mi nombre, se llama: A QUE JUNTO 50 PERSONAS QUE LE QUIEREN DEVOLVER UNA JODA A ALEJO SANTANDER. Parece que las personas que se hacen llamar “víctimas” mías, han encontrado consuelo en este espacio, una especie de terapia grupal on line. Pude infiltrarme pero me descubrieron cuando me agredía a mí mismo y me echaron. Igualmente llegué a leer algunas de las anécdotas que aparecían, les dejo dos que transcribo tal cual:

1
“Esta es una confesión, más que nada: Yo fui cómplice de Alejo Santander.

En el anteúltimo cumpleaños de Euyin Churches les hicimos creer a los invitados que mi abuelo era nazi. Se llamaba Hugen Vass, había llegado de Alemania y recibió "asilo político" en el gobierno de Perón. El apellido "Vass" tuvo que ser italianizado y pasó a ser Basso y él pasó a llamarse "Hugo".
Utilizo este espacio para contar la verdad y eso ya me reconforta”.

2
“Una vez le conté una anécdota increíble de la que por desgracia me tocó ser protagonista. Sin que me diera cuenta grabó la conversación y es el día de hoy que me extorsiona con enviar el audio vía mail a todo el mundo!! Desde entonces me aseguro de q no porte micrófonos ocultos cada vez que charlamos...”


Me declaro culpable por estos crímenes… si alguien de los que lee el blog quiere ayudar a los chicos con su grupo de Facebook o enterarse de más delitos que se me imputan, puede suscribirse y putearme un rato, allí va a encontrar mucha gente con las mismas ganas... y más.

Seguramente me esté olvidando de cosas que han pasado en todo este tiempo, pero las dejo para otra oportunidad, porque sino no arrancamos más con la crónica.

Hace unas semanas me instaron a que hiciera una nota en la que contara mi “Biografía de lectura y escritura”, en otras palabras, “cómo aprendí a leer y a escribir”. Lo primero que pensé fue: que embole... pero mientras lo hacía encontré buenos momentos guardados en alguna parte, nuevamente, transcribo tal cual.

En Reversa
A la Abuela Porota

Si alguien le pregunta a mis viejos van a decirle que aprendí a leer antes que a escribir, pero en el fondo yo sé que eso es mentira. No puede ser casualidad que las palabras que provocaban el llanto materno bajo la afirmación de “el nene sabe leer”, fueran todas del estilo de: Coca-Cola, Pepsi, Fanta, Jack o Topolín. Lo que reconocía eran las formas y los colores, nada más, pero mamá estaba tan contenta, que quién era yo para sacarle la alegría.

Como evidentemente mis padres no recuerdan más que el engaño, soy el único capaz de retrotraerme a los confines más remotos de mi infancia y encontrar entre ese montón de recuerdos desordenados, el día en que aprendí a leer. Racionalizándolo un poco, no puedo haber aprendido a leer mucho después que a escribir ni viceversa, por lo menos en un sentido consciente.

Siempre dije que para escribir no hace falta ser bueno, sólo tener algo que decir, frase que le robé a Oscar Wilde y para la que encontré un recuerdo que la contradice. Es uno de los más antiguos que tengo, estamos viviendo en la casa de Tolosa, calle de tierra, el campito, la nuestra es la anteúltima puerta del PH al que no volví nunca más. Estoy parado en medio de mi cuarto en actitud solemne y papá inclinado sobre un mueble chiquito está acurrucado con un papel y una lapicera, esperando a que le dicte. Lo necesito ahí, porque yo no sé escribir, pero definitivamente tengo algo que decir. Mamá está enojada conmigo y la voy a desenojar regalándole un poema.

Por esa época lo único que sabía de poemas era que tenían que rimar y tener palabras del estilo de, corazón, flor, sol, amor, te quiero. No andaba tan errado, porque un domingo varios años después, me crucé en canal 13 con la película de Palito Ortega “La Sonrisa de Mamá” y juro que la música sería del tucumano, pero la letra bien podría haber sido mía, (“…esa flor que está naciendo, ese sol que brilla más, todo eso se parece a la sonrisa de mamá…”), inconfundible poema mío a los 7 años. Ahora bien, si mi madre me quiere, tiene sentimientos puros y enarbola la memoria emotiva en el mejor de los sentidos, inmediatamente después de leer esas cartas, las debe haber quemado en la hornalla de la cocina.

En el segundo recuerdo que aparece, porque los recuerdos infantiles son así, aparecen nomás, salteados, asincrónicos y todos fuera de foco, ya voy a primer grado. Estoy sentado en mi banco y el desafío para toda la clase es escribir: MAMÁ y PAPÁ. Mis compañeros dibujan casas y árboles o escriben letras una al lado de la otra formando palabras sin sentido, tachan, agarran el lápiz y acuchillan las hojas, yo en cambio, estoy seguro que lo hice bien.

La señorita Roxana viene caminando entre las mesas mirando las hojas y cada vez se acerca más a la mía. Va negando con la cabeza, nadie hizo algo siquiera parecido a lo que pidió. A mi me corre un escalofrío lindo por el cuello, porque sé que en mi hoja dice MAMA Y PAPA; y no me equivoco. Se me para atrás y lee, se queda unos segundos en silencio, y yo me quedo esperando las merecidas felicitaciones, que por alguna razón tardan en llegar. Levanto la vista y encuentro los ojos llenos de rimel de la maestra, que tuerce la boca, niega con la cabeza y dice: “Ahí faltan los acentos”. Me vengo abajo, me caigo, me frustro, me siento mal, tengo vergüenza, quis iera haber dibujado un árbol o una espiral, cualquier pelotudés. Hoy, años más tarde, ya grande, más maduro, lo pienso distinto digo: Que mina hija de puta.

Para la próxima diapositiva que aparece ya es navidad y pasaron dos años, sé leer y escribir, pero todavía no lo hago por gusto. El primer libro que me veo obligado a leer es “Los Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga, encargo de la señorita Aidé de 3er grado, pero volvamos a la navidad. Son las fiestas del `93, fiestas que quedarían marcadas a fuego en la familia gracias a la intervención del tío Marcelo.

Yo y mi primo Juan, ambos con 8 años, éramos los mayores de la jauría de niños que correteaban por casa de la abuela Porota en Chivilcoy. Esa noche llegaba Papa Noel y absolutamente todos estábamos en la edad en que teníamos el pensamiento mágico a flor de piel, embobadísimos con el polo norte y el gordo canoso que volaba en trineo y nos traía regalos. Después los psicólogos intentan convencer a los padres de que “los chicos no son tarados”, sepan que este tipo de cosas no ayudan a fomentar la teoría.

La cosa es que estábamos con mis hermanos y mis primos dando vueltas por el patio, cuando escuchamos una progresión de ruidos a celofán, golpes y vidrio, todo al mismo tiempo, que provenían desde el living de la casa. “¡Papá Noel!” Gritaron los más chicos y “¡Se cayó el gordo!” los más desubicados. Todos concientes de la proximidad de la medianoche corrimos entonces hacia el árbol de navidad y cuando llegamos lo vimos al tío que despeinado y con dos bolsas de regalos todavía agarradas, trataba de salir de arriba del pesebre. Cuando nos vio, atinó a decir una de las frases más lucidas que puede salir de un hombre un 25 de diciembre a la noche, post fresita y ananá fizz, al verse descubierto en el engaño más antiguo de la humanidad: “Se fue por la ventana”. Obvio que a nadie le importó un carajo la fuga de Papá Noel, ni la renguera del tío, le sacaron los regalos de las manos y empezaron a abrir inescrupulosamente aunque fueran las doce menos diez. Yo me quedé parado en el marco de la puerta, hasta que mamá me alcanzó las cajas.

¿Qué tiene que ver esto con mi biografía de lectura y escritura? Que esa noche, en el que había sido el envoltorio de uno de mis regalos escribí la frase: “Esta es la peor navidad de mi vida”. El papel lo encontró mi abuela juntando la basura y vino a preguntarme inmediatamente si era mío, y dije que sí. Me preguntó por qué había escrito eso… y no respondí. No quise decirle que los había descubierto, que ya sabía que me habían mentido todo ese tiempo, ocho años ininterrumpidos, completos. Ese día por primera vez escribí algo porque quise y ese día decidí que dejaba de ser chico. Ese día, sin que yo le diera una respuesta, sin pedir explicaciones, sin saber, pero como si supiera, mi abuela me abrazó fuerte.Antes de irme y siguiendo con este temita de los publicistas que arrancó en la crónica anterior, quiero remarcar que esta gente cuando no produce su producto a partir de los alucinógenos, lo hace a través del plagio… dejo a continuación un ejemplo de plagio aplicado que te quiero dedicar a vos Ranita René de mi alma…



Exacto, los de Lucchetti le robaron a los Muppets, ya no hay respeto por nada… con este temita en particular hubo además un gran revuelo entre los publicistas de Galletitas Maná, que se quisieron cortar las pelotas porque no se les ocurrió antes a ellos. Hasta la próxima.

3 comentarios:

Nico dijo...

Hola! No recuerdo si ya te lo comenté antes, pero como vi que sos de La Plata a lo mejor te puede interesar el blog que estoy armando con mitos urbanos, leyendas, misterios e historias curiosas de la ciudad. Si lo querés leer, te dejo el link: http://misteriosdelaplata.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Muy buenas las crónicas, excelente la escritura, me gusta lo que haces, me gusta leer el blog, me hace bien, no se como ni porque, pero me hace bien...raro, no?
Vengo un poco atrasado con los relatos, en realidad tendría que decir que vengo adelantado porque voy desde la última publicación para atrás, así que hay cosas que no las entiendo hasta leer la entrada anterior, y ahí pienso "ahhh, a esto se refería".
Felicitaciones por el blog, es "esselente".
Ah, te cuento que soy el hermano de una tal señorita del interior, mas exactamente del centro del país, que según lo que sé a penas llegó a La Plata la juzgaron de "Pata de Palo", no se si metafóricamente o simplemente por sus problemas motrices,je.
Espero una nueva entrada, mientras, retrocedo unos cuantos meses a leer las que me quedan pendientes.

Saludos!

Seba

Nota: En la verificación de la palabra (caracteres que hay que poner para agregar un comentario) me pide la palabra "Purapala", será una indirecta para que me ponga a laburar?...bue, no se

Valeria dijo...

Ale muy buena la crónica!! Me tomé muy a pecho cuando me dijiste que las lea de a poco, se me han pasado ya varias semanas sin leerlas, y hasta vi que hay una publicación actual! Me alegra! Sentí mucho cuando contaste lo de la maestra, no se supone que son como tu 2° madre en primer grado?? Imagino la decepción.
Sigo con la lectura, saludos.